25 de diciembre de 2009

La otra cara

http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com/

"La pregunta sería ¿se puede ejercer la prostitución y no atentar contra la dignidad humana?


Pues la respuesta es sí, si que se puede ejercer la prostitución en un entorno digno y ser digna. Yo soy quién decido lo que yo quiero hacer y porqué lo hago. Soy yo quién decido qué tipo de relación quiero, cuáles son mis metas u objetivos esenciales, el precio que pongo a mis servicios. El cliente sólo le queda que aceptar o sino irse a otro sitio.
¡qué paradojas tiene la vida! Desde bien pequeñas a las mujeres se nos enseña como ser "buenas" que nos comportemos según ciertos parámetros morales, tenemos que aceptar mandatos sociales, porque sino es pecado, o sufrimos el rechazo... pero hay veces que se nace en según que contextos, que no hemos elegido, y que el hecho de ser buenas supone irremediablemente aceptar situaciones que atentan a los derechos humanos, es decir a la dignidad y esto es porque los mandatos sociales no reconocen salvedades y se convierte en un imperativo insalvable o en un totalitarismo moral. Así si se nace en un contexto de pobreza , se está abocado irremediablemente a no acceder a estudios y de "retruc" a no tener oportunidades de conseguir un trabajo que permita obtener suficientes ingresos para conseguir cosas tan básicas como la alimentación, la vivienda, salud. etc. (esto es lo que en términos de sociología se llama estructura social) . En estas condiciones, y con la creencia de que las normas han de ser respetadas y acatadas, aunque no se ajusten a la realidad, están aguantando situacíones de explotación en su trabajo "normal y digno". Yo misma estuve diez años, aguantando en un trabajo de administrativa jornadas de hasta quince horas diarias, sin pagas extras, y acosada sexualmente por mi jefe.
He sido rechazada de trabajos por edad, por no perfil adecuado...eso si era muy digna. He aceptado trabajos con sueldos por debajo de los oficiales de los convenios, he aceptado no estar asegurada.
Ahora, gracias a que me prostituí, he conseguido sacar a mi familia adelante, acceder a una vivienda y poder pagar a un dentista sin pedir un préstamo...ahora, resulta que se ha atentado a mi dignidad... y como yo a la de millones de mujeres.
No es indigno ejercer la prostitución, no todos los clientes atentan contra la dignidad de la mujer (ya profundizaré más en una entrada específica sobre la actitud y comportamiento de los clientes).
Lo que es indigno es que las personas no podamos desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos sólo por nacer en un contexto determinado y no se luche para evitar estas situaciones."



M.N. Prostitución: una visión (sub)objetiva, compleja y global.

15 de diciembre de 2009

Tratamientos legales sobre la prostitución

Los distintos tratamientos que se han dado en materia de prostitución, en distintos países y momentos, se pueden resumir en tres:


El sistema reglamentarista

Desde esta postura, la prostitución, es un mal menor y necesario que se debe controlar y es el Estado el que asume el control de la actividad.

Su acción consiste en delimitar los espacios públicos y privados, sus horarios y características. Identifica y registra la oferta, y partiendo del reconocimiento del riesgo de contagio de ETS, arbitra un sistema de control médico, establece los mecanismos de supervisión, e intenta identificar los lugares clandestinos de comercio sexual.

La reglamentación establece derechos y obligaciones de las prostitutas, de los dueños de locales, de los clientes y autoridades civiles.

La reglamentación parte de la necesidad de proteger la higiene de la población y se llega a equiparar a las prostitutas como transmisoras de enfermedades. Se dice incluso, que en el plano ideológico, la reglamentación está orientada a garantizar al cliente el acceso a los servicios sexuales en condiciones de supuesta higiene, protegiendo con esto sus intereses.

La reglamentación se inició en Francia y su implantación es típica en los países latinoamericanos.

Desde esta posición, la prostitución cumple con una función pública. La prostitución femenina resulta ser una válvula de escape a una sexualidad masculina no canalizable de otra forma; proporciona compañía, aliviando la soledad del hombre y constituye un mecanismo de prevención de la violación y el abuso sexual a otras mujeres y a otras poblaciones vulnerables como los menores.
Para los reglamentaristas la ausencia de un Reglamento promueve una espiral de violencia (que constituye en muchos casos la vulneración de derechos fundamentales) que muchas veces es ocultada, favoreciendo la continuidad de una situación intolerable en un Estado de Derecho.


El sistema prohibicionista


La característica fundamental de este sistema es la represión penal. La política se centra en la acción policial ante cualquier oferta sexual que implique una retribución.

Para el Estado las personas que practican la prostitución son delincuentes que deben responder ante la Justicia y en el mejor de los casos rehabilitarse o reeducarse.

El bien jurídico protegido es la moral pública y las buenas costumbres. Las personas que ejercen la prostitución están equiparadas a los delincuentes, mientras que los clientes son vistos como víctimas de la invitación escandalosa y provocativa de las prostitutas.

Implica la creencia de que el instinto puede y debe satisfacerse sólo en el matrimonio, al mismo tiempo que tiene en cuenta las opiniones de la medicina moderna, según la cual un régimen de abstinencia sexual es, salvo casos muy excepcionales, compatible con un buen estado salud.

Este sistema es típico de los países anglosajones.



Sistema abolicionista

Este sistema se fundamenta en la consideración de que toda forma de prostitución es una explotación del cuerpo del ser humano y que la reglamentación de la actividad sólo consigue perpetuar esta injusticia.

Las personas que ejercen la prostitución no se consideran delincuentes, sino más bien víctimas del tráfico humano, necesitadas de ayuda que se presta desde el Estado a través de programas de tratamiento y reeducación.

Se inspira en principios humanitarios y se retoma como consecuencia del fracaso del prohibicionismo.

El sistema abolicionista persigue a aquellos agentes que inducen, mantienen, permiten y se benefician de la prostitución ajena.

Esta corriente tiene sus orígenes en el siglo XIX como parte del feminismo británico.









Y la voz de las prostitutas, ¿dónde está?

2 de diciembre de 2009

12 de noviembre de 2009

Prostitución... ¿un derecho?

A raíz de nuestro trabajo de clase de orientación ocupacional, se me ha abierto una visión distinta ante el fenómeno de la prostitución.
No se me había ocurrido hasta el momento pararme demasiado a pensar en los conflictos que puede suponer, tanto a nivel moral como a nivel personal y social; y en todas las connotaciones que la misma palabra lleva consigo, connotaciones surgidas por los significados que le ha ido dando a lo largo del tiempo la propia sociedad.
Dentro del artículo que hemos trabajado en nuestro grupo, se expone la idea de que la prostitución, independientemente de que sea forzada o voluntaria, es una práctica que va en contra de los derechos humanos, que hace de la persona un negocio, reduciendo a la mujer prostituta a una mercancía. Añade además, que se convierte en producto para el consumo del hombre, poniéndose así en una posición de subordinación ante éste.
Llega incluso a hacer una comparación con la esclavitud, alegando que igualmente se trata de venta de personas. Sin embargo, se me ocurre la diferencia de que, en los casos en los que la prostitución es ejercida libremente y bajo ningún tipo de coacción, es la propia mujer la que decide poner a la venta su persona, algo que no creo que ocurriera con los esclavos.
Pero, por otro lado, es cierto que las personas no pueden tratarse como objetos, que no se puede negociar con ellas, ni comprarlas ni venderlas… ¿hasta qué punto tenemos esa libertad de decisión sobre qué queremos hacer con nuestro cuerpo si no perjudicamos a nadie?

11 de noviembre de 2009