A raíz de nuestro trabajo de clase de orientación ocupacional, se me ha abierto una visión distinta ante el fenómeno de la prostitución.
No se me había ocurrido hasta el momento pararme demasiado a pensar en los conflictos que puede suponer, tanto a nivel moral como a nivel personal y social; y en todas las connotaciones que la misma palabra lleva consigo, connotaciones surgidas por los significados que le ha ido dando a lo largo del tiempo la propia sociedad.
Dentro del artículo que hemos trabajado en nuestro grupo, se expone la idea de que la prostitución, independientemente de que sea forzada o voluntaria, es una práctica que va en contra de los derechos humanos, que hace de la persona un negocio, reduciendo a la mujer prostituta a una mercancía. Añade además, que se convierte en producto para el consumo del hombre, poniéndose así en una posición de subordinación ante éste.
Llega incluso a hacer una comparación con la esclavitud, alegando que igualmente se trata de venta de personas. Sin embargo, se me ocurre la diferencia de que, en los casos en los que la prostitución es ejercida libremente y bajo ningún tipo de coacción, es la propia mujer la que decide poner a la venta su persona, algo que no creo que ocurriera con los esclavos.
Pero, por otro lado, es cierto que las personas no pueden tratarse como objetos, que no se puede negociar con ellas, ni comprarlas ni venderlas… ¿hasta qué punto tenemos esa libertad de decisión sobre qué queremos hacer con nuestro cuerpo si no perjudicamos a nadie?
12 de noviembre de 2009
11 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)